jueves, 14 de octubre de 2010

Narrando dibujos sobre una tela pasaba horas y horas mientras miraba de espaldas a su ventana aquel escritor sin manos, creyendo ver a los niños tendidos sobre sus hamacas, mientras sus madres jugaban al ajedrez sobre las telas sucias por colgar sobre las sogas quienes se flameaban bajo las nubes.

Sin poder ver el paisaje que rodeaba su humilde morada y todo aquello que lo rodeaba podía sentir el crujir de las ramas de esos árboles secos que abundaban sobre aquel vecindario despoblado, sin razón de vivir, ah dejado su hogar al descubierto de la soledad, abandonando la luminosidad de sus habitaciones sin ventanas, dejando que el monstruo gris se adueñe de sus zapatos tanto como de sus espacios, envolviéndolos en una sabana de acumulación de tiempo, por tan solo el hecho de pensar, de imaginar cosas que no puede tocar.

Sin respirar inhalo profundo el aroma que lo rodeaba, aun sentado en su silla mientras se equilibraba sobre los tres mástiles que lo sostenían, sin mover tan solo un dedo continuo con su vida, meciéndose de un lado a otro con una tela sobre su regazo, los ruidos de su ideada familia podía imaginar, la luz que radiaba su mente iluminaba lentamente el hogar que tan solitario y obscuro se encontraba, ah de aclamar la vida en donde se encontraba, pero se le era inevitable no emprender camino, tan feliz era sobre su silla a pesar del abandono.

Continuo narrando dibujos para que aquel que lo encontrara de espaldas a la rutina, pudiera entender el motivo de su tranquilidad.