sábado, 12 de septiembre de 2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

miércoles, 9 de septiembre de 2009


Se prepara para salir, toma su voluntad y su adultez, pero solo le falta algo y no logra encontrarlo; aunque su rostro no muestra interés en hacerlo.

"Date prisa", dice su madre, tomada de un viejo y ruidoso canasto arrastrándolo por el piso, con un aspecto vago y de tés pálida; ya no es lo mismo, sus manos ya no soportan el día a día, son como si fueran vistas desde un caleidoscopio, no se ve tristeza en ellos, tal vez sabían que esto algún día pasaría, el frio de aquella habitación cada día se incrementa mas a medida que se acorta su respiración.

"Busca debajo de tu cama, siempre la arrojas hacia allí"- insiste su madre- dan escalofríos de tan solo pensar los colores de su habitación, - el color de sus ojos grisáceos encuadernaban toda la habitación.-

"Apúrate, llegaremos tarde, es la única oportunidad que tengo de encontrar un buen lugar, los mejores son reservados"; -se que hoy es demasiado tarde pero recuerdo quien apago la luz aquella noche, esa mirada amedrentada todavía la recuerdo, su conciencia se remuerde de tanto pensar el motivo por el cual la decidió apagar, es tarde pero se arrepentirá.

"¿Has buscado debajo de tu cama?, llegaremos tarde, tus hermanos ya partieron, estoy esperándote a ti y no me iré si no te veo allí."

El sigue buscando, ella cansada de sus pies, pero sigue esperando, sin soltar su bolso e intentando sobrevivir a su equilibrio; removiendo las cosas de lugar a otro sin encontrar rastro alguno, busco debajo de su cama, debajo del ropero, dentro de una bella y gigantesca caja y por ultimo debajo de sus pies, pero su búsqueda seguía frustrada; el tiempo pasaba y comenzaba a ponerse nervioso, sabía que no había lugar mas donde buscar, con temor y afán de no encontrarlo se acerco a su pequeña mesita de olvidos, abrió lentamente su cajón y allí lo encontró.

Estamos listos, es hora de partir y ya no quiero demorarme, si me iré quiero estar cómoda en un lugar donde pueda verlos crecer, un lugar de luz, hace años que ya no la veo, ese hombre de camisón blanco ato a mi salud en el extremo de mi cama, tragando la llave sin darme copia ni lugar donde escapar. Aquel ser misterioso quien hoy no recuerdo encendió la oscuridad en mi habitación y no pude condenarlo, me abandono por días y meses en ese hueco sin vida, después de haber despedido al hombre de blanco, ya no recuerdo el color de mi cabello, pero sé que donde estaré podre ver y mas allá de lo que imaginaba, podre ver mujeres como yo, tal vez con finales felices, o quizás con una despedida de recuerdos tristes, se que los extrañare pero es hora...

El momento mas difícil va a ser cuando se tenga que despedir, ah sido su guía durante años, no quiere verla partir.

La terminal se encontraba llena de personas caídas, llena de personas sin vida, las nubes empiezan a partir llevándose a todos aquellos quienes hicieron felicidad, a aquellos quienes no hicieron el mal; se podía ver niños llorando en aquel anden luminoso, madres despedazadas de dolor, una imagen agonizante, bebes sin comprender lo que sucedía, solo sonreían a aquellas madres que partían.

Aquel joven de 15 años dio paso al silencio para así tomar las manos de su luz, miro fijo a sus ojos, pero su temor no dejo salir palabras; luego de un eterno abraso con cada uno, ella se incorporo a aquella nube que se encontraba frente a ellos, se sentó junto la ventanilla y solo se despidió, su imagen se desfiguraba a medida que desaparecía, hasta solo verse su rostro enternecido, transformado en su forma real, un ángel.

- No entiendo por qué encontré mis lagrimas en este momento no quería que me viera llorar, tan solo quería que parta con un lindo recuerdo de mi, quiero que sepa que aunque ella no esté más seré alguien de honrar, y saldré a delante como ella siempre quiso, siempre te recordare madre, siempre estarás dentro de mi... Adiós.